bullying


El acoso escolar, más comúnmente conocido como bullying, afecta a tantos niños, niñas y adolescentes en la actualidad, que merece un apartado especial.

Se refiere al maltrato físico y/o psicológico, deliberado y constante, que recibe un niño, niña o adolescente, por parte de otro u otros, que se comportan con él o ella de manera cruel, con el afán de someterlo(a) y asustarlo(a). Puede manifestarse de muchas formas: Agresiones físicas -de leves a severas-, insultos, apodos, burlas, rumores, menosprecios en público, señalamiento de defectos físicos, amenazas, discriminación, rechazo y aislamiento social; ya sea de forma directa, o bien, a través de redes sociales o teléfonos móviles (ciberbullying, ciberabuso o abuso online).

La víctima de tal acoso llega a vivir una verdadera pesadilla, que termina afectando todos los aspectos de su vida; esto es, no sólo su estabilidad emocional, sino también su desarrollo social y académico.

Cuando un niño, niña o adolescente está sufriendo bullying, aunque no lo diga a sus padres -por vergüenza o temor-, puede estarlo manifestando de muchas formas: Cambios en su conducta y estados de ánimo, tristeza, irritabilidad, insomnio, pesadillas, cambios en el apetito, pérdida o deterioro frecuente de sus pertenencias, golpes o heridas que justifica como “accidentes”, rechazo a ir al colegio o a participar en actividades escolares y/o apatía general.

En tales casos, no sólo debe recibir ayuda psicológica la víctima del bullying, sino también los niños o adolescentes que lo ejercen –agresores– e incluso los testigos, quienes con sus acciones u omisiones validan el acoso.

 

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