a quién le hago caso, ¿a mamá o a papá?


Por: Denisse Maubert Cueto.- Psicoterapeuta Infantil.

 

“Mi esposo y yo tenemos muchos problemas, porque queremos educar a nuestro hijo de maneras muy diferentes, y todo el tiempo hacemos comentarios al respecto frente al niño… ¿Esto podría estar afectando a nuestro hijo?”

Es muy común que tengamos diferentes métodos de crianza dentro de la pareja, sobre todo porque cada miembro de esa pareja proviene, a su vez, de distintas formas de educación. Siendo así, resulta lógico que cada uno quiera educar a su hijo de la misma forma en la que fue educado, o bien, evitando posiblemente los aspectos que le resultaron dolorosos de su propia educación.

Lo más sano sería que lográramos, junto con nuestra pareja, encontrar un estilo de crianza con el que ambos estuviéramos de acuerdo y que conjuntara lo mejor de la educación que recibió cada uno. Sin embargo, a veces no es tan sencillo lograr ese acuerdo en la educación que queremos para nuestros hijos, y entonces… ¡empiezan los problemas!

Por un lado, se ve afectada la relación de pareja, porque cada uno quiere tener el control de la educación del hijo y empieza a ver mal lo que el otro hace: ¿Por qué le das postre al niño si no se acabó la sopa?, ¿por qué le gritas si puedes hablar con él?, ¿por qué no le compras el juguete que te pidió?, etc.

Lo anterior, sin embargo, no termina siendo lo más grave de la situación, sino el hecho de que empezamos a hacer este tipo de comentarios frente al pequeño. Esto quiere decir que estamos restándole autoridad a nuestra pareja delante del niño, lo que puede generar que éste comience a perder respeto por ese padre, además de que le estamos causando mucha confusión, pues no sabe a cuál de sus padres debe hacer caso. Lo anterior puede desembocar en que termine por no hacer caso a ninguno de los dos, o bien, se vuelva un niño convenenciero, que aprenda a manipular las situaciones en su beneficio.

Por otro lado, también corremos el riesgo de que el clima familiar se vuelva muy tenso y hasta caótico, ya que empezamos a vivir en una lucha constante, por ver quién de los dos tiene la razón, y el niño se ve en medio de este caos, donde uno le permite cosas que el otro le prohíbe. Situación que va generando mucha angustia en el pequeño, y en la cual, finalmente, no se le están estableciendo los límites claros que él necesita.

La realidad es que, con un niño en desarrollo, siempre tendremos que tomar decisiones en cuanto a límites, horarios, dinero, permisos, etc., lo que hará que debamos enfrentar la opinión del otro padre, sin importar si estamos juntos o separados, si vivimos en la misma casa o no. Ambos padres somos responsables de ese niño y de la educación que necesita, para desarrollarse de manera sana y adecuada; entonces, ¿qué podemos hacer para llegar a acuerdos en cuanto a la forma de criarlo?

Primero que nada, tenemos que definir cuál es nuestra prioridad: ¿La educación de nuestro hijo o ganarle al otro y hacer nuestra voluntad?

Ya que estemos seguros de que lo importante es nuestro hijo, podemos aplicar algunos tips:

  • Ya sé que mi forma de pensar y la de mi pareja son diferentes, pero podemos sentarnos a platicar, de manera tranquila y sin la presencia del niño, de lo que esperamos de la educación de nuestro pequeño, para que juntos tratemos de llegar a un acuerdo. Para ello, necesitaremos escuchar al otro y tendremos que ceder en algunas ocasiones.
  • También tenemos que aprender a controlar nuestras emociones. Esto quiere decir que, si en la tarde me molestó la manera en la que mi pareja reprendió a mi hijo al hacer la tarea, me puedo esperar a la noche o a estar a solas con él (ella), para decirle por qué no me pareció la manera en la que lo hizo y encontrar juntos una solución. Pero, ¡no se vale decirlo en ese momento frente al niño!
  • Aunque mi pareja haya establecido un límite (o consecuencia) que no me parezca, en ese momento tengo que apoyarlo, para imponer frente al niño su autoridad. Más vale un límite “estricto”, por ejemplo, a que el niño pierda el respeto a la autoridad de ambos.
  • Tengo que aprender a buscar soluciones con el padre o madre de mi hijo, ya que no sirve de nada culpar al otro por lo “mal” que educa a nuestro hijo, si no soy capaz de aportar alternativaspara su mejor educación.
  • Y sobre todo, debemos mantener el respeto entre ambos. Hay que recordar que nuestro hijo aprende de lo que ve en nosotros. Así, si nos ve todo el tiempo peleando y faltándonos al respeto, él también lo hará. Por el contrario, si nos ve dialogando y buscando soluciones juntos, él también aprenderá a hacerlo.

Por lo tanto, es importante que nuestros hijos nos vean como un FRENTE COMÚN y que sepan que las decisiones importantes son tomadas por ambos. De esta manera, se sentirán seguros y protegidos por sus dos padres.

Y si finalmente no logramos ponernos de acuerdo en el estilo de crianza que queremos para nuestros hijos, es importante acudir a un especialista que nos apoye en este proceso, ya que de no hacerlo, es muy probable que nuestros hijos crezcan con inseguridad e incertidumbre, e incluso con un problema de lealtad frente a sus padres, del que no deberían ser objeto.

Lo que queremos es tener niños felices, con una buena educación que los ayude a ser personas saludables y exitosas. ¡Vale la pena esforzarnos para desarrollar un estilo de crianza que logre este objetivo!

 

LIBROS SUGERIDOS:

  • Crianza Compartida. Nelson Zicavo Martínez. Editorial Trillas.
  • Por tu Propio Bien. Alice Miller. Editorial Tusquets.
  • La Crianza Feliz. Rosa Jové. Editorial La Esfera de los Libros.
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