entre el trabajo y mi hijo, un gran dilema


Por: Stefanie Soehlemann Reimers.- Psicoterapeuta Infantil integrante de psii.

 

“Mi hija pasa sola las tardes porque no tengo quien la cuide”.
“Mi hijo se queda con sus abuelos, porque yo salgo del trabajo hasta la noche y no lo puedo recoger de la escuela”.
“Un día está con su abuela materna y otro con su abuela paterna”.

 

¿Te encuentras en esta situación? ¿Trabajas y/o estudias y no puedes cuidar a tus hijos?

Con frecuencia, en la escuela, las maestras empiezan a observar que estos niños presentan cambios en su conducta, en su estado emocional y en su actitud ante el trabajo escolar.

¿Qué es lo que realmente sucede en estos casos? Actualmente existe una constante en muchos sistemas familiares: Madres que se ven en la necesidad de estudiar y/o trabajar para cubrir o contribuir al gasto familiar o mantener a sus hijos y/o que desean prepararse profesionalmente para tener más oportunidades laborales en el futuro y alcanzar una realización personal; padres ausentes y, por consiguiente, abuelos, tíos, primos, o quienes sean los adultos involucrados en el sistema familiar, compartiendo los roles y el cuidado de los menores de la familia.

En los casos en los que los padres están unidos, pero que ambos trabajan tiempo completo, pasa algo similar. La falta de una figura materna o paterna presente en la rutina diaria, con la posibilidad de acompañarlo en las actividades cotidianas y darle una constancia en su desarrollo, en especial cuando es pequeño, es compensada por los múltiples cuidadores de la familia o cuidadores externos. Esta situación puede llegar a afectar, por un lado, la forma en que el niño se vincula, y por otro lado, su disponibilidad cognitiva.

Es en la escuela donde muchas veces se empiezan a identificar las dificultades de conducta y desempeño. Los niños llegan a mostrarse ausentes, no logran concentrarse y retener los contenidos, se observan desmotivados y desorganizados; por ejemplo, llegan a olvidar el material de trabajo y las tareas. Así pues, los focos rojos pueden ser la distracción, incluyendo el distraer a sus compañeros durante la clase, levantándose de su lugar, haciendo ruidos o cantando; niveles altos de ansiedad, que se llegan a traducir en una necesidad de ir al baño varias veces al día, o mostrándose inquietos y con dificultades para permanecer sentados; fatiga, pues muchas veces se desvelan, esperando a que mamá y/o papá regresen del trabajo para saludarlos; depresión, la cual se puede ver en un nivel de energía bajo, apatía y desmotivación; necesidad de aceptación, pues son niños que inconscientemente pueden llegar a percibir, y por lo mismo, a resentir, la ausencia de los padres como un rechazo; y otras manifestaciones más, que dependen de la personalidad de cada niño.

Vivimos en una sociedad en la que esta situación es cada vez más común, y lejos de descalificar el hecho de que la mayor parte del tiempo la crianza del niño esté a cargo de otros cuidadores que no son los padres, es importante que se tomen acciones que contrarresten los déficits que se pueden llegar a generar en el desarrollo del niño cuando esto ocurre.

 

entre el trabajo y mi hijo

 

Por lo anterior, a continuación se enumeran algunas recomendaciones que se pueden seguir a lo largo de la rutina diaria:

  1. Establezcan los mismos criterios de crianza entre todos los cuidadores.
  1. Tengan contacto por teléfono regularmente o en un horario que establezcan con su hijo, para estar en comunicación durante el día.
  1. Elaboren una hoja de comunicación con su hijo, donde pueda llevar un registro de sus actividades diarias, y anotar o dibujar los logros que quiere compartir con ustedes al final del día. Esta hoja la pueden colocar en algún lugar especial de la casa, donde tanto su hijo como ustedes, sepan que siempre va a estar.
  1. Planeen espacios de convivencia a lo largo de la semana, donde puedan estar solos con el niño y brindarle el 100% de su atención.
  1. Busquen la misma estructura y disciplina que si convivieran más tiempo con él, es decir, aunque lo vean sólo una o dos horas al día, establezcan límites claros y no dejen que el sentimiento de culpa, que muchas veces viene por no poder estar más tiempo con su hijo, los lleve a consentirlo y a ser demasiado permisivos, ya que esto lo va a confundir.
  1. Encuentren actividades extraescolares que estimulen diferentes áreas de su desarrollo, tomando en cuenta los intereses del niño, de manera que no tenga tanto tiempo libre por las tardes, para entretenerse demasiado con la televisión, los juegos de video, etc. Esto se lo pueden permitir, pero siempre supervisando que sea por lapsos cortos y en horarios determinados.
  1. Vigilen su horario de sueño; 10 horas es lo más recomendable para niños menores de 8 años.

Cuidando estos aspectos, podrán promover una relación más cercana con su hijo, a pesar de que tengan un trabajo de tiempo completo. Sin embargo, es importante que no olviden cultivar el desarrollo de la familia, buscando espacios de convivencia constante; de calidad, con calidez y, lo más importante, con mucha comunicación.

 

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