gritarme… ¡NO es una buena idea!


Por: Aurea Díaz de León Carrasco. Directora de psii psicólogas infantiles.

 

¿Eres una de esas mamás que suele gritar frecuentemente para que su hijo obedezca?

¿Eres un papá que piensa que tiene que gritarle a su hijo, para que sepa que hablas en serio?

¿Crees que tu hijo te escucha, te entiende y hace lo que le dices, sólo cuando le gritas?…

Gritar a los niños, suele ser una reacción bastante común en los adultos, cuando sentimos esa impaciencia, desesperación y frustración, que nos provoca su desobediencia, su rebeldía y sus actitudes incluso desafiantes. En tales momentos, sentimos que no queda otra alternativa más que soltar un grito, y algunas veces hasta parece funcionar, pero ¿qué pasa realmente cuando perdemos el control con los niños? Siendo muy honestos, ¿cómo nos sentimos al tratar de imponer autoridad de esa forma? y lo más importante, ¿gritando, logramos realmente resolver los problemas de conducta o falta de límites en los hijos?

Analicemos un poco lo que pasa cuando les gritamos:

  • Para empezar, cuando el niño se porta mal, generalmente suele estar alterado, y al gritarle, lo alteramos aún más, nos alteramos nosotros, y en consecuencia, también se altera la convivencia entre todos los integrantes de la familia.
  • Al gritarle, no frenamos su agresividad; por el contrario, la fomentamos, pues recuerda que no hay método de enseñanza más efectivo y poderoso que el EJEMPLO.
  • Los gritos pueden funcionar aparentemente y de forma momentánea, pero no te confundas, ya que es muy probable que tu hijo te obedezca, pero no por respeto, sino por miedo.
  • Los gritos debilitan la autoestima y la seguridad del niño. Tal vez lo notes de inmediato o no, pero ten por seguro que los efectos en una baja autoestima e inseguridad, se dejarán ver tarde o temprano.
  • Al gritarle, tu hijo aprenderá que los gritos y la agresividad son una forma aceptable de reaccionar, cuando las cosas no son como nos gustaría. Nuevamente recuerda aquello del ejemplo: Tú eres su mejor modelador de lo que está “bien” o “mal”, en lo que respecta a las normas de convivencia social.
  • Y una cosa más, igualmente importante: Si lo que quieres es que aprenda a autorregular sus emociones, al gritarle le estarás enseñando todo lo contrario, pues el gritar refleja pérdida de control de nuestras propias emociones.

Por lo tanto, gritar ¡NO es una buena idea!. La próxima vez que vayas a lanzar un grito, respira profundo…, cuenta hasta 10… e intenta reaccionar de manera más ecuánime. Después de todo, el adulto ERES TÚ, y te sorprenderá ver cómo tu hijo comienza -poco a poco-, a responder mejor a la disciplina, cuando ésta se aplica con:

FIRMEZA, CONSTANCIA Y AMOR

 

gritarme no es buena idea

 

gritarme… ¡NO es una buena idea!
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