la importancia de los límites en la edad preescolar


Por: Marcela Rubí Flores García.- Psicóloga Infantil integrante de psii.

 

En la actualidad, parece que son los niños quienes tienen la última palabra en la toma de decisiones. Resulta increíble que un padre o madre, le pregunte a su hijo: “¿Te gustó la escuela, Carlitos, o prefieres la que vimos ayer?”; suena a broma, pero no lo es, es una realidad que se observa con mayor frecuencia de la que podríamos pensar…

En el trabajo diario de consulta, se aprecia con frecuencia que a los padres les cuesta cada día más y más trabajo poner límites a sus hijos. Paradójicamente, en una época en la que hay acceso a todo un mundo de información, muchos padres parecen estar más confundidos y desorientados.

La realidad es que cada vez nos cuesta más trabajo ser firmes con ellos. Queremos ser diferentes a los padres de antaño y eso significa no ser autoritarios, de manera que hoy, lo que más interesa, es ser papás buena onda. Sin embargo, ¿estamos haciendo lo correcto? y como “correcto” quiero decir, ¿estamos haciendo lo que es mejor para nuestros hijos?

Los límites son importantes, porque a través de ellos les enseñamos qué pueden o no hacer; qué es correcto o incorrecto, aceptable o inaceptable. A través de ellos, los protegemos, los orientamos, les demostramos verdaderamente cuánto los amamos y les damos herramientas para enfrentarse a la vida.

Por ejemplo, un niño en edad preescolar, no tiene la madurez suficiente para tomar decisiones importantes respecto a su bienestar; si bien es cierto que los niños cada día son más despiertos y hábiles en distintos aspectos, también es un hecho que aún así, necesitan de la guía de los adultos que se encuentran a su alrededor, para poder desarrollarse adecuadamente.

Pero, como padres, ¿qué necesitamos para poner límites a nuestros hijos?

Sabemos que no existen recetas mágicas, y que lo que sirve para uno, no sirve para otro. Sin embargo, sí podemos hablar de pautas generales que nos ayuden en este difícil, aunque maravilloso, trabajo de ser padres.

Es ideal comenzar a establecer límites claros y firmes desde que los niños son muy pequeños, por lo que a continuación se describirán algunas características, de acuerdo a cada etapa del desarrollo, para conocer qué se puede esperar de ellos y algunas estrategias para mejorar su conducta.

 

ENTRE LOS 2 Y 3 AÑOS

Características:

  • Suele ser la etapa de los berrinches.
  • Es común que se despierte en las noches llorando.
  • Es la etapa del entrenamiento en control de esfínteres.

Cómo poner límites:

  • Dar órdenes cortas y claras: “Guarda tus juguetes en su caja”.
  • Prevenir el berrinche, advirtiendo lo que va a suceder: “En diez minutos apagaremos la televisión”; si el berrinche ya empezó, ser firme y aplicar la instrucción: “Ya es hora de apagar la televisión”, y hacerlo.
  • Dar oportunidades para que ponga a prueba sus habilidades, reconociendo sus logros: “¡Qué bien te quitaste el suéter tú solito!”.
  • Tener paciencia para establecer el control de esfínteres. Contar con orientación durante el proceso, puede ser de gran ayuda.

 

ENTRE LOS 3 Y 4 AÑOS

Características:

  • Muestra temor ante la posibilidad de separarse de sus padres o de ser abandonado.
  • Son frecuentes las pesadillas.
  • En esta etapa, los límites permiten el desarrollo de hábitos.

Cómo poner límites:

  • Escuchar sus preocupaciones, darle seguridad, hablar con él: “Entiendo que quieras seguir jugando, pero es hora de dormir”.
  • Darle oportunidad de jugar para expresar sus miedos: “¿Qué tal si haces un dibujo de cómo te sientes?”.

 

ENTRE LOS 4 Y 6 AÑOS

Características:

  • La mayoría de los problemas, surgen de la interacción y las presiones de la escuela.
  • Se relaciona con más niños y adultos.

Cómo poner límites:

  • Necesita sentirse protegido: Sentarse a su lado, abrazarle y decirle en tono amable, “¿Te sucede algo?”
  • Se deben establecer límites y rutinas predecibles: “Leemos un cuento y después a dormir”.
  • Es muy importante darle seguridad y reconocer sus logros, favoreciendo así su autoestima. En este sentido, hay que ser realistas y enfocarse en sus fortalezas (no le diga que es el mejor pintor del mundo si no tiene habilidad para el dibujo, y en cambio, es muy bueno en los deportes).

Recuerde, la constancia durante este proceso es la clave para obtener resultados, que permitan un óptimo desarrollo emocional de sus hijos, y el primer paso para lograrlo, es a través de límites bien establecidos. Un niño emocionalmente sano, será un niño feliz.

Si tiene dudas sobre cómo aplicar las pautas que aquí se presentan, tal vez lo mejor sería solicitar apoyo profesional.

 

LIBROS SUGERIDOS:

  • Barocio Rosa. Disciplina con amor. Ed. Pax México, 1ª edición, 2004.
  • Faber Adele y Mazlish Elaine. Cómo hablar para que los niños escuchen y cómo escuchar para que los niños hablen. Editorial Diana, 27ª impresión, 2005.
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