el pequeño emperador: niño tirano


El pequeño emperador: niño tirano

Por: Aurea Díaz de León Carrasco.- Psicóloga Infantil y Directora de psii psicólogas infantiles. Rubí Fernández Nava.- Columnista Especializada.

 

Con sus 65 centímetros, Santi ve fijamente a su papá, que intenta mandarlo a la cama, mientras él se mantiene firme, agarrado de la silla que se tambalea, enfundado en su pijama de felpa con dos tiernos ositos dormilones en el pecho. Sus piernitas, todavía un poco arqueadas, lo sostienen cuando pide a gritos “¡Upa!”, para ser levantado en brazos y sentarse en las rodillas de papá (son las 11 de la noche). “Ese niño se va a caer, cárgalo”, grita la abuela desde el fondo de la habitación. Mientras, Santi mira a su padre y lo reta. Sus armas: Él mismo, junto con su voluntad inquebrantable y todo el tiempo del mundo para salirse con la suya. El mensaje: “De aquí nadie sale hasta que hayas jugado conmigo al caballito; te quieres ir a dormir ahora o después de tres horas. Yo estoy dispuesto a todo, tú decídelo”. La mamá hace horas que cedió a la voluntad del pequeño, y observa la escena cansadísima y con algo de distancia. Sin duda, está presenciando el nacimiento de un “Pequeño Emperador”… 

El término tirano o emperador (de ahí el nombre del síndrome relacionado) es relativamente nuevo, y se usa para referirse al niño o niña excesivamente dominante, voluntarioso y “cruel”, que consigue lo que quiere a través de la manipulación.

En una miniatura de menos de un metro, te puedes encontrar al ser más egocéntrico, egoísta y autoritario. Con esos grandes ojos hará cualquier cosa por llamar la atención, y aunque no pueda elaborar un discurso, exigirá lo que considera sus derechos, sin tomar en cuenta en absoluto los de los demás. Sí, queridos padres, un niño de estas características los hará ver su suerte y poner a prueba todo su poder personal.

 

LA REENCARNACIÓN DEL FARAÓN, ¿O QUÉ LO HIZO ASÍ?

En torno a este tema hay opiniones encontradas entre los expertos. Algunos teóricos consideran que se trata de niños que, por alguna razón, genéticamente tienen dificultad para percibir las emociones y para aprender las lecciones morales. Sin embargo, en la opinión de la mayoría de los expertos, esta teoría tiene poco fundamento, sobre todo si consideramos que hay ciertas culturas en las que sería impensable que un hijo golpeara a su madre.

Aún dando por cierto que la herencia puede marcar cierta tendencia en estos niños, estamos seguros de que la influencia de la educación en los primeros años es determinante en la formación de su personalidad. Dicho de otra forma, a pesar de que cada niño nace con su propio temperamento y peculiaridades, podemos afirmar que la mayoría de los llamados niños tiranos han sido criados sin límites familiares ni sociales; es decir, así los hacen los padres.

Después de varios años de estudio, Jirina Prekop ha encontrado diversas coincidencias entre estos niños antes de los 2 años, como ser hijos únicos, primogénitos, o bien, el hijo menor con gran diferencia de edades; hijos adoptivos o considerados como niño en peligro debido a alguna lesión o enfermedad, por lo que se les han brindado cuidados especiales.

Al parecer se identifican más niños que niñas con estas características (una niña por cada cinco niños, según Jirina), y también anota que hay que considerar el factor de una posición económica estable, o sea niños que no tienen problemas de alimentación, vestido, casa, etcétera, sobre quienes se vuelcan sus padres con gran entusiasmo, dispuestos a darlo todo –hasta su cabeza en bandeja de plata, de ser necesario- con tal de no tener problemas.

Esto es parte de la interesante situación hogareña: Unos padres que no pueden poner límites, quienes temen darle al niño un “NO” por respuesta (para no traumatizarlo o para acabar rápido con el problema y no escucharlo gritar o llorar) y acceden a todo lo que quiere, cumpliéndole toda clase de deseos y caprichos con tal de hacerlo feliz.

 

¿QUÉ HE HECHO PARA MERECERLO?

Muchos adultos actúan como víctimas a partir de sus propias experiencias de la infancia. Si, por ejemplo, el autoritarismo de sus padres les impidió realizar sus aspiraciones y enfrentar el mundo con seguridad, y no son capaces de tomar sus propias decisiones, llegado el momento de formar su propia familia, buscarán establecer un nuevo tipo de relación con sus hijos, en la que reine un absoluto respeto por sus decisiones, gustos y emociones desde que son pequeños. Es decir, estos padres que vivieron malas experiencias, se abstienen de mantener una actitud educativa firme con sus hijos, queriendo evitar que sean inseguros y desarrollen una baja autoestima. Sin embargo, el efecto será el contrario. No pueden poner la responsabilidad de tomar decisiones en un bebé o en un niño, olvidando que los adultos son ellos, y que justamente son los encargados de brindarle seguridad.

También están los padres que consideran a su hijo como especial, por cualquiera de los motivos antes mencionados. En tales casos, la idea de los padres es compensar al niño y sobreprotegerlo, evitando a toda costa que sufra.

Lo anterior no significa que se deba volver a los métodos restrictivos de antaño, pero tampoco dejar al niño a la deriva, pues él necesita contar con un marco de referencia claro, unas bases seguras, que sólo los adultos –sus padres o tutores- pueden ofrecerle a través de una disciplina firme y cariñosa desde que llega al mundo.

 

Las conductas de los padres que provocan a un pequeño tirano:

  • Los protegen demasiado, impidiendo que maduren por sí mismos.
  • Claudican continuamente ante sus peticiones y caprichos, incapaces de ver al niño sufrir.
  • Ante la primera señal de ansiedad o malestar, retiran al niño de cualquier situación que le genera frustración.
  • Temen imponer su autoridad y no establecen límites claros a tiempo.
  • No les exigen el cumplimiento de responsabilidades ni les llaman la atención en casos de desobediencia.
  • Dejan la educación en manos de los abuelos u otras personas que no imponen autoridad.
  • No tienen metas claras para orientar a sus hijos y creen que los deben dejar que se desarrollen conforme a sus inclinaciones naturales.
  • No les enseñan a controlar sus emociones y reacciones.
  • Son temerosos. Generalmente prefieren quedarse callados antes que discutir con sus hijos, por lo que toleran que les griten o los agredan, incluso en presencia de otras personas.

 

QUÉ ESPERAR A FUTURO: ¿UN PEQUEÑO MUSSOLINI?

La conducta de una pequeña o pequeño por esta vía raramente arroja resultados positivos. El niño con estas características, no sólo se vuelve una pesadilla para la familia, sino que también se convierte en un problema en la escuela, donde suele tener constantes conflictos con la autoridad y con sus compañeros, quienes lo rechazan frecuentemente por sus actitudes. Es muy probable que al crecer desarrolle serias dificultades para establecer relaciones afectivas sanas y logre poca obediencia entre los de su tamaño.

Puede ser un niño o niña que sufrirá mucho y siempre estará angustiado, porque su satisfacción y autoafirmación dependerán del poder que tenga para obtener cosas y manipular a los demás. Lo más negativo es que el niño aprende a asociar el poder y la manipulación con el afecto.

 

 

PASAR A LA ACCIÓN

La disciplina comienza con los hábitos. Desde pequeños, los niños necesitan normas, reglas y límites que regulen su conducta y que les den seguridad, para que más tarde aprendan a determinarla ellos mismos. El niño puede hacer la rabieta que quiera, pero para ustedes –los padres- estos son momentos clave en los que deben imponer límites firmes e inmediatos. Si no hacen que se respeten las normas de convivencia y toleran actitudes de violencia, abuso y caprichos, el niño sentirá que ha logrado impresionarlos.

 

RETOMEN EL PODER

No podrán modificar estas conductas de un día para otro. Es una tarea que toma tiempo y que requiere de mucha paciencia y de cambios profundos en los patrones que han utilizado para educar al niño y demostrarle su afecto.

En este sentido, los padres deben trabajar primero el tema de sus propias culpas, respecto a no haberle dedicado a su hijo el tiempo necesario, a haberlo mimado demasiado y/o a no haber sabido ponerle límites cuando era indispensable. A partir de este punto, deberán comenzar a hacer todo lo que se requiera para retomar la autoridad y ejercerla en todo momento con firmeza y determinación.

Es claro que siempre es más fácil prevenir que remediar, de tal forma que unos padres que no han podido evitar que su hijo se convierta en un tirano, es porque éste se les ha salido de control, ya sea porque no han sabido cómo ejercer su autoridad, o bien, porque han utilizado métodos disciplinarios inadecuados o ineficaces.

Para esta labor reeducativa es fundamental que se unifiquen los criterios de todos los adultos de la casa; que papá y mamá se pongan de acuerdo, sin importar si viven juntos o separados. Con frecuencia, en las parejas hay puntos de conflicto y posturas opuestas sobre diversas opciones educativas, y el niño sabe muy bien cómo aprovecharlas.

 

¿QUIÉN PODRÁ AYUDARNOS?

Si están en esta situación, lo más importante es que ambos padres reciban orientación profesional por parte de un psicólogo infantil que cuente con experiencia en trastornos emocionales y de la conducta. En algunos casos, además podría ser útil la terapia cognitivo-conductual para trabajar con el niño, en apoyo a la labor de los padres en casa. Esta es una forma de intervención psicoterapéutica, cuya hipótesis de trabajo es que los patrones de pensamiento llamados distorsiones cognitivas, tienen efectos adversos sobre las emociones y la conducta, y que, por lo tanto, su reestructuración – por medio de intervenciones psicoeducativas y práctica continua- puede mejorar el estado de su hijo.

También pueden participar en sesiones de intercambio de información y de experiencias, junto con otros padres de familia que estén atravesando por problemas similares con sus hijos. El asistir a conferencias o talleres en los que se discute abiertamente sobre problemas habituales en los hogares, puede motivarlos y favorecer que recuperen algunas viejas prácticas educativas y que aprendan otras nuevas, para lograr su objetivo de reconvertir al pequeño y hacer más placentera la convivencia familiar.

No están solos. Existen muchos padres más en estas circunstancias, a quienes el recibir orientación profesional adecuada y oportuna, les ha ayudado mucho a lidiar con la situación y a resolverla.

Nunca olviden que tienen en sus manos la formación de una personita maravillosa. El mayor interés de los padres es que sea un individuo feliz, pero paradójicamente, el complacerlo en todo, no ponerle límites y hacer lo que el niño quiere, sólo lo convertirá en un individuo inseguro, con problemas e infeliz.

 

Las reglas de oro de una disciplina positiva son:

  • Establecer reglas, límites y consecuencias claras y razonables.
  • Ofrecer explicaciones coherentes y dar buen ejemplo.
  • Actuar con firmeza.
  • Ser consistente.
  • Controlar las propias emociones (las del adulto).
  • Acentuar lo positivo y desaprobar la conducta negativa en el niño.
  • Respetar los acuerdos entre los padres, mostrando un frente común ante el niño.
  • Enseñarle el valor de los sentimientos y otras formas de expresarlos, con actos positivos y generosos.

 

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